Hace pocos días, Pablo Iglesias pronunció su primer discurso en Francia. Invitado por los militantes del círculo de París de Podemos – en su gran mayoría unos migrantes víctimas económicas de la terrible austeridad que devasta España desde hace algunos años -, se encontró bien solo en el andén de la facultad de la medicina en un mitin que había atraído a muchos votantes españoles del extranjero. Por cierto, fue de hecho un enésimo discurso de campaña, aunque el primer ministro finalmente haya  por fín fijado una fecha para las próximas elecciones parlamentarias – el 20 de diciembre – y el Reino de España entrado en la recta final de un larguísimo ciclo electoral que empezó con las elecciones europeas de 2014.

Pero se trató también de una solicitud de apoyo que vino a pedir a nosotros franceses quien ha capitalizado el descontento expresado por el movimiento de los Indignados. Y, como prueba, vino la serie de comentarios poco amenos de Pablo Iglesias hacia  nuestro Presidente y la socialdemocracia europea, en referencia a las promesas incumplidas en materia de política económica. La posición difícil en la que se encuentra el compañero Tsipras, obligado a organizar nuevas elecciones sin seguridad de mantenerse como Primer ministro, llevó hoy el challenger de la política española a considerar – ¡por primera vez en un discurso público! – la salida de España de la zona euro. Pero para él, queda evidente que España no ha de lanzarse por si sola en esta aventura. Por la misma razón, los compañeros de Syriza que bajaron la guardia y aceptaron el yugo de las instituciones europeas todavía tienen gracia en los ojos del jefe de Podemos. De hecho este último todavía apuesta sobre una victoria de Alexis Tsipras en las elecciones griegas del 20 de septiembre. Pero luego, Pablo Iglesias bien podría verse obligado a iniciar un giro hacia el euroescepticismo mucho más pronunciado de lo que considera aceptable el internacionalismo estándar de la ultraizquierda, o la opinión pública española que la historia moderna hizo muy pro-europea. En su discurso en París, lo dejó claro: una salida solitaria del euro puede llegar a ser insostenible para una economía « periférica » ​​como la de España, y requeriría que más países – como Francia – asumiesen primero esta decisión.

Obviamente, Pablo Iglesias podría en algún momento necesitar aliados más radicales que los que tiene hoy respecto a la política económica que cabría asumir. Thomas Piketty, autor Euro-compatible del « Capital en el siglo XXI » ha por cierto sido cooptado por Podemos como consultor. Pero el promotor de un « Parlamento de la zona del euro » podría perder sus ilusiones, dentro de pocos meses. Y tampoco queda seguro que Jean-Luc Mélenchon tenga algo que ofrecer… Es una pena para los Españoles, ya que la base del Partido de la Izquierda (« le Parti de Gauche ») empieza a cuestionar seriamente el tema del euro. Pero el último congreso de la formación mostró que la línea oficial, que por ahora rechaza cualquier cuestionamiento sobre la moneda única, aún prevalece.

Oficialmente, Mélenchon e Iglesias tienen excelentes relaciones: el líder de Podemos acabó de redactar el prefacio de la traducción al castellano del « Arenque de Bismarck » (el último libro de Mélenchon). Sin embargo, en el caso de que Podemos tenga alta puntuación en las elecciones en Cataluña el 27 de septiembre, y en las Cortes de Madrid antes de Navidad, el jefe del « Parti de Gauche »  podría resultar algo molesto por el éxito de un heraldo de la Izquierda mucho más joven y más atrevido que él. Pablo Iglesias ya proclamó descaradamente que, debido a que no rechazaba ninguna voz – incluso de la derecha -, renuncía a la bandera roja y a las referencias a la división izquierda-derecha de la Internacional. El líder de Podemos, en su discurso en París, volvió a defender la relevancia de sus puntos de vista. ¿Y si la unión de los patriotas de ambos bancos hubiera de hacerse en las orillas del Bidasoa?

Fuente: Causeur.fr (11 de septiembre de 2015)

http://www.causeur.fr/melenchon-pablo-iglesias-podemos-34518.html

 

Traducción:

François Villemonteix; Christophe Barret