Miércoles 1ro de julio de 2015,
Cuál que sea el epílogo de la crisis griega, ya se puede decir que nada seguirá como antes. Los acontecimientos de estas últimas semanas, en efecto, han revelado la verdadera cara de la Unión Europea y han evidenciado la dimensión política de la crisis griega al gran perjuicio de los acreedores de Atenas (la Comisión, el Banco central, el Fondo Monetario Internacional), economistas ortodoxos y medios de comunicación oficiales que se proponían confinar el debate en sus dimensiones financieras estrictamente técnicas. El anuncio del referéndum por Alexis Tsipras tomó a todo el mundo por sorpresa, sobre todo a los Alemanes que, desde el principio de las negociaciones, deseaban empujar Grecia hacia la salida, negándose al mismo tiempo ser responsable de esto ; por su parte, el Gobierno griego – que no soporta más esta Europa que desprecia la dignidad de su pueblo – dio a la Sra. Merkel y a su Ministro de Hacienda una lección de democracia comunicándoles que no es ella la que expulsa Grecia, sino que le corresponde al pueblo griego decidir sobre la Europa lo que desea. Durante la fase final de las negociaciones, se enfrentaron pues dos concepciones de Europa: la Europa de los Tratados impuestos al pueblo contra su voluntad, ante una Europa de la democracia; la Europa de las amenazas, de los chantajes, de la mentira, de la intimidación, ante una Europa del derecho; la Europa de las finanzas ante una Europa de la solidaridad; la Europa de las crisis repetidas ante una Europa de la paz; la Europa de la austeridad presupuestaria y la competitividad, ante una Europa del desarrollo económico y de la prosperidad; la Europa del euro sagrado y todopoderoso, ante una Europa de la dignidad del hombre.
Pensándolo bien, se encuentran en esta “tragedia griega”, todos los ingredientes de la “crisis sacrificadora” tal como los expuso René Girard en toda su obra: en primer lugar, una sociedad en crisis donde se corre el riesgo de ver triunfar la violencia. Luego, la elección de un chivo expiatorio y su ejecución destinada a restablecer la paz. Por fin, la elaboración de nuevos rituales para evitar que se reproduzca una nueva crisis. En 2008, cuando estalló el escándalo de las subprimes, el mundo – sería más justo decir el mundo bancario – entró en crisis llevándose el mundo real en su caída, la cual causó el desastre económico más grave desde 1929. Los primeros afectados fueron los bancos americanos, y muy rápidamente la crisis se propagó a los europeos. Las autoridades monetarias americanas tomaron las medidas que se imponían para salvar sus bancos después de sacrificar a una de ellas: inundar el “planeta financiero” de liquidez por el uso de la “máquina de imprimir billetes”. Al contrario, debido sin duda a su historia, su construcción y los intereses divergentes de los países que la componen, Europa tergiversó. La catástrofe se evitó por poco cuando los Estados tomaron las medidas necesarias para salvar a sus bancos, pero como hicieron pagar la factura por el contribuyente para cumplir con esta necesidad, el continente siguió y sigue sumergido en la crisis; Bruselas, Frankfurt, Berlín y Washington (esta última involucrada a petición de Alemania) crean un mito para asustar a los países atraídos por el ejemplo griego y legitimar el sacrificio del pueblo griego mediante una política de austeridad. Para los grandes sacerdotes del euro, Grecia “vivió hasta 2009 en una clase de indolencia culpable hasta que los mercados, censores justos y despiadados, despertaron a los Helenos y les pidieron expiar sus pecados. El FMI y los Europeos entonces vinieron a ayudar a los Griegos con benevolencia, prestándoles las sumas necesarias para su rescate, pero, obviamente, imponiéndoles, para su propio bien, “ reformas ” destinadas a protegerlos, en el futuro, de tales crisis »(1). La etapa siguiente consiste en la instauración de un plan en dos fases con el fin de conseguir antes de 2025 una verdadera unión económica, financiera, presupuestaria y política (2).
Esto era sin contar con la victoria electoral de Alexis Tsipras, a principios de 2015, el cual estaba bien decidido a respetar el mandato confiado por el pueblo. En efecto para que el mecanismo del chivo expiatorio funcione, es preciso que la víctima esté complaciente y termine por reconocer su culpabilidad: lo que hicieron sus antecesores en la cabeza del Gobierno, pero Alexis Tsipras se negó a eso. En abril, el Parlamento griego creó un “Comité sobre la verdad relativa a la deuda griega”. Su informe, hecho público el 18 de junio, sin minimizar la responsabilidad del Estado griego en el déficit (particularmente por sus gastos militares superiores al 3% del PIB), pone de manifiesto el hecho de que la deuda – basada esencialmente en una transferencia desde la deuda privada (de los bancos) hacia la deuda pública, y en las políticas de austeridad – resulta contraria a los derechos humanos, “ilegal, ilegítima y odiosa”. Subraya también que los acreedores, así como sus cómplices, podrían ser traducidos ante la Corte de Justicia de la Unión Europea y la Corte Internacional de Justicia.
Esta crisis, cualquiera que sea su conclusión, debería manifestar a los dirigentes europeos la necesidad de renunciar a la moneda única, que beneficia solamente a Alemania y a los países que comparten su política económica así como a los financieros y los rentistas, para definir los contornos de una moneda común, más respetuosa de la diversidad de los países de la Unión y de los pueblos que la componen.
Nicolas Palumbo
(1) http://www.latribune.fr/economie/union-europeenne/grece-le-rapport-sur-la-dette-est-une-arme-utile-pour-athenes-485224.html
(2) Jean-Claude Juncker, Donald Tusk, Jeroen Dijsselbloem, Mario Draghi y Martin Schulz, respectivamente Presidentes de la Comisión Europea, el Consejo Europeo, Eurogrupo, el Banco Central Europeo, Parlamento Europeo revelaron el 22 de junio de 2015 sus propuestas para profundizar en y acabar a la Unión económica y monetaria (UEM) en 2025 a más tardar en un documento titulado Completar la Unión económica y monetaria.