Después de la capitulación de Alexis Tsipras, la inmensa decepción de los adversarios del euro produjo en la izquierda “radical” y en el conjunto de los economistas “heterodoxas”, reacciones confusas combinadas con una polémica aberrante. Por una vez bien inspirado, Jean-Luc Mélenchon declaró que al escoger entre Francia y el euro, elegiría la independencia nacional; mientras que la dirección del Partido comunista se obstina en defender la supuesta “moneda única”. Pero de nuevo mal inspirado, el copresidente del Partido de izquierda rechazó después con altanería el proyecto de diálogo entre republicanos de derecha e izquierda propuesto por Jean-Pierre Chevènement. Al mismo tiempo, nació un ataque violento contra Jacques Sapir, a quien se acusa, a partir de textos truncados, preparar una alianza con el Frente Nacional (1). En vez de concentrar el fuego sobre el cuartel general de la oligarquía, la dirección del Partido de Izquierda, Mediapart, Libération, Frédéric Lordon y otros integristas ciegos abruman a este investigador que consideran “aislado” aunque reciba en su blog cientos de miles de lectores. Es cierto que los integristas no necesitan estrategia y que en la derrota su postura les da el grato sentimiento de ser tanto geniales como incomprendidos.

Dos ilusiones añaden a esta confusión. La del euro democrático, cultivada por Arnaud Montebourg y que conduce al callejón ciego del federalismo europeo (2). Y la ilusión del retorno a la base, siempre seductora en período de fracaso. Cuando militantes políticos – no menciono aquí el indispensable compromiso sindical y asociativo – anuncian que quieren estar “lo más cerca posible de la gente” “para crear espacios de diálogo” sobre las “verdaderas cuestiones”, cuentan una historia desesperante, dejando pensar que hay que reiniciarlo todo. Sobre todo, la estrategia del refugio deja el campo libre a la violencia ultraliberal que está destruyendo las pequeñas explotaciones agrarias y los pequeños comercios mientras que el Gobierno prepara una nueva ofensiva contra el derecho laboral. Esperamos pues una radicalización de las luchas campesinas y una reacción sindical de gran amplitud ante la destrucción del Código del trabajo; pero es la acción política nacional e internacional que resultará decisiva. En cuanto a ésta, el panorama se ve bastante contrastado.

La potencia intelectual y programática de la corriente heterodoxa se ve confirmada. Designado como el blanco que destruir en prioridad, el euro estuvo cerca de desaparecer en Grecia tras una victoria electoral y por un Gobierno que se basaba en una alianza entre derecha patriota e izquierda “radical”. Su fracaso se debe a un error estratégico, y no al fallo de un hombre y de un equipo: en todos los países sujetos al euro, cabe conquistar el poder político por la constitución de “frentes de liberación nacional” como lo propone Stefano Fassina (3) y por la cooperación entre ellos.
En Francia, los temas heterodoxas se difunden en masa e irrigan poco a poco  los partidos anti oligárquicos y anti austeridad. A la derecha, la corriente patriota personificada por Nicolas Dupont-Aignan y la corriente nacionalista de Marine Le Pen, fundamentalmente antinómicas, denuncian la zona euro sin que uno u otro puedan concretar esta oposición. A la izquierda, el radicalismo se expresa por un sectarismo combinado de compromisos tácticos –los comunistas con los “Hollandistas”, los “Mélenchonistas” con los Verdes en las elecciones locales. Después de haber abandonado toda idea de ver a la socialdemocracia europea revisar sus posiciones, nos queda admitir que la izquierda radical no podrá liberarse  de sus fórmulas ideológicas habituales, y por lo tanto desear algo radicalmente nuevo.

Nada es  imposible. Hace tiempo que los heterodoxos han ganado la batalla intelectual. Aún más, crearon en torno a ellos una corriente popular anti euro en una Francia muy mayoritariamente hostil a la Europa de los Tratados. Esta corriente anti euro existe dentro de todos los partidos de izquierda, donde numerosos militantes hacen causa común con la masa de los “inorganizados” y con las fracciones sindicales más determinadas de los asalariados y campesinos. Si las direcciones políticas son incapaces de entenderse, la iniciativa de reunir todas estas dinámicas deberá tomarse fuera de los partidos por los que supieron articular la heterodoxia económica a un proyecto político para la nación.

(1) Para la descripción de los eventos del verano, ver mi blog http://www.bertrand-renouvin.fr/
(2)    Cf. el análisis de Coralie Delaume : http://l-arene-nue.blogspot.fr/2015/08/euro-que-dit-lautre-gauche.html?m=1
(3)    Fue miembro del Partido Demócrata italiano y vice-ministro en el gobierno Letta.
Artículo publicado en el número 1083 de « Royaliste » – 2015